domingo, 15 de agosto de 2010

Mujer e indígena el rostro de la desigualdad


  • Latinoamérica es la región con más desigualdades del mundo, un problema que tiene rostro de mujer, de indígena y de afrodescendiente, que sufren por partida doble la disparidad reinante en sus países

 

Diez de los 15 países más desiguales del orbe se ubican en Latinoamérica, con Bolivia, Ecuador, Haití y Brasil a la cabeza.

 

Por Por Nancy de Lemos/EFE.- El informe regional de Desarrollo Humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), presentado a finales de julio en San José, alertó de que estos grupos son los más golpeados por la desigualdad de oportunidades, ingresos y acceso a servicios básicos como educación, salud y electricidad.

 

La situación, de acuerdo con el PNUD, es alarmante si se toma en cuenta, por ejemplo, que en Latinoamérica los indígenas y afrodescendientes representan el 33 por ciento de la población, unos 170 millones de personas, que en promedio viven en peores condiciones que los descendientes de europeos, con la excepción de Costa Rica y Haití.

 

El estudio muestra, por ejemplo, que en América Latina "las mujeres reciben un menor salario que los hombres por igual trabajo, tienen mayor presencia en la economía informal y acarrean una doble carga laboral".

 

En promedio, para el 2008, el 45 por ciento de las mujeres latinoamericanas trabajaba en el sector informal, un 6 por ciento más que los hombres en esta misma condición laboral.

 

"Esto implica que muchas mujeres carecen de acceso a prestaciones sociales en empleo y quedan en condiciones de mayor vulnerabilidad", las cuales heredan a sus hijos, creando un círculo vicioso, señala el texto.

 

Isidro Solaga, coordinador del informe, explicó que las mujeres sufren por la falta de políticas públicas que favorezcan su inserción en el mercado laboral, como por ejemplo programas para el cuidado de los hijos.

 

Además, Latinoamérica es la segunda región del mundo con mayores niveles de embarazo adolescente, con un promedio de 80 nacimientos por cada 1,000 mujeres de entre 15 y 19 años, situación que se presenta, sobre todo, en los sectores de menor ingreso de los países.

 

 

Latinoamérica no es la región más pobre del mundo, pero sí la más desigual, en una brecha que no se ha logrado cerrar a pesar de la democratización de los países..

La situación empeora para las mujeres indígenas o negras, pues de acuerdo con el PNUD, esto es en general "sinónimo de padecer mayor desigualdad".

 

 

Las poblaciones indígenas y afrodescendientes son también víctimas de una marcada desigualdad en Latinoamérica, no en vano los países más desiguales de la región son Bolivia, Haití, Ecuador y Brasil, en donde una buena parte de su población pertenece a estos grupos.

 

Más de la tercera parte de la población indígena ocupada de la región vive de la agricultura, pero esta proporción se eleva hasta el 75 por ciento en Honduras y Paraguay.

 

"En promedio, el doble de la población indígena y afrodescendiente vive con menos de un dólar por día respecto a la población eurodescendiente", apunta el informe.

 

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo subrayó que la situación del continente es delicada, pues aun en los países con mejores resultados la desigualdad es persistente y elevada, especialmente para estos grupos.

 

En Ecuador, por ejemplo, mientras el 29 por ciento de los eurodescendientes son pobres, el porcentaje entre los indígenas y afrodescendientes llega al 60. La diferencia en Panamá es de 9.3 por ciento a 54.7 por ciento, y en Paraguay es de 2.2 por ciento frente al 17.3 por ciento.

 

El país donde la brecha es menor es Costa Rica, pues la población blanca que vive en condiciones de pobreza es del 5 por ciento, prácticamente la misma proporción que entre los grupos indígenas y negros. Le sigue Chile, donde el 3.4 por ciento de los eurodescendientes y el 9.4 por ciento de los indígenas son pobres.

 

Si bien Latinoamérica es en efecto la región más desigual del mundo, pese a no ser la más pobre, constituye un mosaico de realidades muy diversas y tiene retos importantes en común.

 

Para la ONU, el fenómeno de la desigualdad obedece en toda la región a la "herencia generacional" y al mal diseño de políticas públicas.

 

 

El acceso a servicios es muy desigual. Por ejemplo en Bolivia, los grupos más ricos tienen un acceso 64% mayor a la electricidad que los más pobres. En Honduras la diferencia es de 58% y en Perú llega al 55%.

Para Solaga, "el sistema político de la región refuerza la reproducción de la desigualdad", pues en la mayoría de los países, por ejemplo, los sistemas fiscales son "asimétricos", es decir, con una fuerte carga en el consumo, que afecta a los más pobres, en lugar de gravar el ingreso de los más ricos.

 

 

La herencia de las condiciones de vida de una generación a otra es palpable y preocupante, y demuestra que muchas de las políticas para favorecer la movilidad social han sido ineficaces, consideran los especialistas.

 

Datos del informe señalan que, por ejemplo, sólo el 3.1 por ciento de los jóvenes latinoamericanos, cuyos padres tienen la educación primaria incompleta, concluyen sus estudios universitarios.

 

La desigualdad es clara en casi todos los niveles. La diferencia en el acceso al agua entre la población de mayor y menor ingreso en Perú es del 57 por ciento, seguida por Nicaragua (52) y El Salvador (45), mientras que en Uruguay es de apenas el 2 por ciento, y en Costa Rica y Argentina del 4.

 

En Bolivia, los grupos más ricos tienen un acceso de un 64 por ciento mayor a la electricidad que los más pobres. En Honduras la diferencia es del 58 por ciento y en Perú llega al 55 por ciento, pero en Chile y Venezuela ambos grupos tienen prácticamente el mismo acceso.

 

Bolivia, según el informe del PNUD, es el país más dispar de América Latina, mientras que Uruguay es el más igualitario.

 

Esta nación suramericana tiene el mismo nivel de desigualdad que Camerún y Madagascar, y con un índice de Gini del 60, se ubican como los tres países más desiguales del mundo.

 

El coeficiente de Gini mide la desigualdad relacionada con la distribución de los ingresos, cuyo índice varía desde el cero —cuando todos los ciudadanos tienen los mismos ingresos— hasta el 100, en el caso en el que todos ellos se concentren en una sola persona.

 

En el continente americano le sigue Haití, que mantiene una situación de desigualdad comparable con la de Sudáfrica y Tailandia, todos con 59 puntos en el coeficiente de Gini.

 

Brasil y Ecuador, los siguientes países con mayor desigualdad (índice 56), superan a naciones como Uganda (índice 55), que tiene el mismo nivel de disparidad en las condiciones de vida de su población que Honduras, Panamá, Paraguay, Chile, Colombia y Guatemala, superando a Botswana, Etiopía y Nepal.

 

Incluso los países menos desiguales de Latinoamérica: Uruguay, Costa Rica, Venezuela y Argentina, mantienen niveles de disparidad muy elevados (más de 45) si se comparan con los coeficientes de Europa oriental (entre 24 y 43 puntos), y aun más con los de los países desarrollados, cuyo pico lo tiene Portugal, con un índice de 41.

 

Para el PNUD los actuales procesos de toma de decisiones en la región no favorecen la reducción de la desigualdad, pues se debe luchar contra la corrupción y diseñar políticas que vayan más allá del combate a la pobreza.

 

No obstante, hay ejemplos exitosos en Brasil, Chile y Uruguay, que han puesto en marcha reformas fiscales orientadas a gravar el ingreso, han desarrollado programas de transferencias condicionadas, ampliado la cobertura educativa y establecido políticas de salarios mínimos con impactos positivos en las pensiones, subrayó Solaga.

 

La luz roja está dada: "No puede haber desarrollo real sin igualdad", por lo que el reto de los gobiernos de la región es trabajar en esta área. b

 


Fuente: http://www.laprensa.com.ni/2010/08/15/reportajes-especiales/34647
 
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